lunes, 24 de noviembre de 2008

Ecos de Avalancha

Creo que fue en 1998. Podría mirarlo, pero así suena más como una historia casi legendaria de algún viejecillo. Los Héroes hacían lo que en su momento parecía una despedida y Bumbury entre tantos delirios, imitando estúpidamente la forma de hablar latina, sudamericana o como quiera llamarlo cada cual, después de tocar Avalancha, anticipaba el final de su concierto pronunciando estas palabras:
“Eso es todo amigos, hasta siempre. Que os vaya bonito”
Como tantas cosas en mi vida, seguramente dijo eso como podría haber dicho cualquier otra cosa, pero yo lo he mitificado en mi interior como si fuesen palabras sagradas.
Escuchando esto, yo miraba por la ventana del tren, con la mirada perdida, sin ninguna esperanza de que el paisaje pudiese formar parte de mi en ningún momento ni que tuviese la capacidad de sorprenderme. Una imagen desgastada, aunque no sabría decir si por mis ojos o por sí misma. Al escuchar esas palabras me estremecí, porque entendí muchas cosas. Si hubiese dicho “que os vaya bien” o “que os divirtáis” o cualquier otra cosa salvo “bonito”... pero no fue así.
Es difícil de explicar, pero en ese momento sentí que valía la pena caminar por la vida aun teniendo que llevar todo el peso del mundo encima. Fue una especie de revelación que insinuaba de alguna forma que lo que de verdad tiene valor no es disfrutar o que todo salga bien, lo admirable es rendirse al propósito estético que trazan nuestras vidas, aunque no seamos capaces de ver semejante cuadro y día tras día condenemos nuestras cargas. Supongo que es tarde para descubrir que esas cargas forman parte de lo que somos, pero para cuando eso no sea suficiente, confío en tener este nuevo refugio.

martes, 14 de octubre de 2008

Here comes your man

Cuando en 1989 parecía que la psicodelia había fundido ya del todo la creatividad de los artistas más estridentes, The Pixies sacan el Doolitle, un disco que con otro sonido podría pasar por Pop Rock usual, sin tener en cuenta las crípticas letras. Pero es ese “pasado de tuercas” lo que le hace ser tan especial.
Siempre me ha hecho gracia la canción de “Here comes your man” porque parece compuesta en un momento de bajón o en el que el efecto de algo se superpuso al de otro algo, cancelándolo como si de anti-materia se tratase y dejando tras de si una explosión de energía que es esa canción. Sonido limpio, coros femeninos con una voz de lo mas dulce y esperanzador...
Estaba yo sediento, hambriento y con la sensación de que nada de lo que me rodea puede satisfacerme, viendo alguna comedia con una risa seca de necesidad.
La melodía fresca y veraniega de esta canción me vino a la cabeza completamente fuera de contexto, hablándome de una larga espera y recordándome que podría tener reciente la sensación de estar en cualquier otra parte, más deseable que mi mazmorra, que podría guardar la huella de días largos y cálidos cuando no tener ninguna preocupación no sería motivo de alivio.
Pero lo que ven mis ojos, el aire rancio que respiro, no está mas que saturado en mi memoria para dejarme entender que simplemente, no es así.

lunes, 6 de octubre de 2008

Más vale solo que mal acompañado

Hoy según se llenaba el autobús esta mañana, intentaba evitar el disgusto de pensar que era lunes preguntándome cómo se sentiría una hamburguesa sabiendo que una vez fue algo compacto, íntegro, con forma y carácter propio pero se había esparcido mezclándose con otros cachos de carne para un final ciertamente desagradable. También me di cuenta que por otro lado, otros fragmentos de su ser estarían pensando lo mismo en otra hamburguesa y además, el resto de la hamburguesa a su vez pensaría que también una vez fue otro ser íntegro. La conclusión es que hay demasiados pensamientos redundantes entre la carne picada.
Mientras tanto, el autobús se llenaba hasta que en su límite de ocupación alguien se sentó conmigo. Tengo la sensación de que no soy un compañero de asiento agradable para el pasajero medio porque siempre mi vecina butaca es de las últimas en ocuparse. No tengo muy claro por qué. Parece ser independiente de si voy bien vestido o desarrapado, si tengo el morro torcido o una espléndida sonrisa, si leo o miro por la ventana…
Me gusta contemplar a la gente según entra y va mirando los sitios y sus ocupantes para decidir dónde se va a sentar. La gente busca:
a) ¿Un sitio cualquiera?
b) ¿Su plaza fija?
c) ¿Alguien que parezca contento?
d) ¿Alguien con buen aspecto físico?
e) ¿Alguien del sexo opuesto?
f) ¿Alguien bien vestido?
g) ¿Alguien de apariencia saludable?
h) ¿Alguien que tenga pinta de no oler mal?
i) ¿Alguien que no rebose de su asiento?
j) ¿Alguien de su misma raza?
Aunque preliminarmente, existen preferencias de zona puesto que la parte trasera es donde se supone que están los muchachos y los inmigrantes, mientras que las señoras de lo más alto de la clase media se sientan en las primeras filas como si se tratase de la cola de la pescadería.
Lo cierto es que a pesar de realizar el estudio cada mañana, sigo sin tener conclusiones claras. El estudio de zona parece cumplirse, pero más allá es un misterio. Personalmente, soy de plaza fija cuando el autobús está vacío, si no procuro sentarme lo más cerca de la puerta en la primera parte del autobús prefiriendo alguien que no invada mi asiento, que no huela mal, que no parezca tener intención de cotillear y preferiblemente de 30 a 40 años. También ligera preferencia por compañía femenina, salvo la discreción, generalmente, se ajustan mejor al perfil.
Volviendo a mi hamburguesa, me doy cuenta de que mi instinto augura una escasez de alimentos como única explicación a mi hambre insaciable y en ese instante, un señor mayor y corpulento, me hace compañía a falta de otra plaza libre. Lo malo del sujeto que ya está sentado es que no puede elegir con quien se sienta. Este individuo en concreto era extrañamente desagradable. El exceso de grasa siempre me ha producido un rechazo natural, pero lo sorprendente es que a pesar de mi pésimo sentido del olfato, podría reconocer la mezcla del olor a tabaco y a esa colonia de viejo imponente que te paraliza, no por su esplendor, si no porque esa divina fragancia estrangula el sistema nervioso. Desafortunadamente, conozco bien esa colonia. Por eso me veía en perfectas condiciones de imaginarme qué clase de hombre llevaría un pantalón fino con una camisa horrible, esa colonia en grandes cantidades y medio kilo de humo pegado a la ropa.
Lo único que está claro es que hay demasiada gente rodeándome por las mañanas y que más vale solo que mal acompañado.

jueves, 2 de octubre de 2008

Suena "Take me somewhere nice"

Hoy llevo un día que me da la sensación de estar poniendo a prueba mi ánimo. Ayer perdí los nervios y hoy a base de tranquilizantes creo que voy a terminar anticipando la fase depresiva de mi ciclo anímico.
Todo esto, ¿Por qué? Digamos por ejemplo que a pesar de la noticia de tener un horario terrible, te regalan un par de clasecitas las dos primeras semanas de 8 a 10 de la tarde/noche cuando a la mañana siguiente tienes que levantarte a las 7 es suficientemente desagradable como para encabronarse, si para colmo el profesor llega un cuarto de hora tarde y encima para terminar la clase te retiene ahí haciéndote perder el autobús y llegar a las mil a casa provoca que quieras comerte al primero que se cruce en tu camino sin tener muy claro si es por hambre o por liberar almas humanas.
Una vez más toca alimentarse a base de bocadillos, el tiempo libre es tiempo muerto y el de estudio insuficientemente eterno.
Como terapia de hoy: Black brick road de Lake of Tears , por no escuchar el Forever Autumn, un disco precioso para el día en el que te guarden en una caja. Por otra parte Come clarity de In Flames, que tampoco dicen nada alegre y finalmente Rock Action de Mogwai para escribir esto con total tranquilidad, para no mentar a toda la familia del simpático que me tuvo lejos de mi refugio más de la cuenta.
Por lo demás… al planificarme este cuatrimestre intento evitarme preguntar si va a pasar algo bueno. Digamos que las expectativas son agridulces, demasiados altibajos y “no hay mal que por bien no venga” y ese deseo de ver el mundo entero en llamas.

Es curioso porque el otro día oí a alguien decir algo como “es que el mundo se va a acabar y ¿qué voy a hacer yo?” probablemente solo fuese un comentario intrascendente, pero yo sigo dándole vueltas sin consolidar ninguna interpretación. ¿Exceso de optimismo? ¿Un ego absoluto? ¿Ingenuidad? ¿Una frase extrañamente formulada queriendo transmitir la intención de evitar tal desastre sin saber cómo? Ni idea, pero lo cierto es que me gustaría verlo. Simple curiosidad.
Han pasado tantas cosas últimamente… cuando me encierro en la habitación parece como que el mundo deja de girar y en cierto modo no es tan falso porque cuando sales todo sigue ahí. Quizás sea como cuando te hablan de cosas de las que no tienes ni idea como “esta raqueta de tenis es mucho mejor que esta otra…” ¿Qué me estás contando?, sería distinta si estuviese hecha de papel. La indiferencia por el resto evita reparar en detalles o cambios. También se puede decir que para desgracia de nadie, he simplificado mi vida a niveles insospechables. ¿Lo extraño? Evidentemente, que no desaparecen las complicaciones.
Pues eso es todo y mañana seguiré diciendo chorradas hasta que tenga algo inteligente que ofrecer al mundo.

domingo, 24 de agosto de 2008

Bienvenido a casa

La reacción del cuerpo cuando después de pasar un buen rato por ahí toca volver a casa a eso de media noche siempre es la misma. Todo se mueve despacio, el metro nunca llega, la gente que te rodea tiene una estúpida exaltación que no compartes y tus energías parecen difusas recordando los momentos que acabas de dejar atrás. Prácticamente arrastrándote, vuelves a casa sin ganas de nada.
En el trayecto, procuras buscar el rincón más apartado y solitario hasta que unos indeseables te invaden y incordian con sus molestas voces y risistas. ¿Qué pasa? ¿No teníais otro sitio? Lo peor de todo, es la ultima moda de los seres más despreciables, en cuanto a civismo cotidiano se refiere, y ponen su ridícula música con el móvil. Resulta que la tecnología también sonríe a la falta de decoro. Porque si un grupo de imbéciles se pone a contar historias sin sentido y así se divierten, pues tranquilamente te jodes y piensas en otra cosa (más que nada porque uno, aunque con más educación, también molesta en ocasiones), pero cuando tienes que aguantar a alguien así de anormal, tu mente sólo se centra en invitar al sujeto a utilizar la estupenda función vibratoria del aparatito mientras se lo introduce por su orificio más intimo.
Afortunadamente, anoche sucedió que en un intento de amargarme el trayecto, según detectaba el acecho de un grupo de estos incordios, me adelanté subiendo el volumen del mi música y según se disponían a contaminarme, yo escuchaba un interesante duelo entre saxofón y guitarra que parecía doblar sus voces. No estaban perfectamente sincronizados, pero diría que he visto Playbacks peores. En cualquier caso, todo el odio natural que desprendía hacia los intrusos, mutaba en una graciosa simpatía de ver un espectáculo en directo tan esperpéntico nacido del contraste entre la maravilla que entraba por mis oidos y sus desfiguradas caras lejanamente parlantes.
Así una buena velada, no tuvo el final amargo que solía acompañar.

martes, 19 de agosto de 2008

Algo sobre Santana

Hoy en vez de contar mi vida, voy a argumentar lo que considero el mayor fraude musical que conozco. Realmente, no es que me de por criticar así sin venir a cuento, ha sido por una conversación sobre el sujeto que me dispongo a describir, pero sólo me voy a centrar en la cuestión.
Los que conozcan a Santana por lo típico que han oído en la radio y tal dirán “este atontado no se estará equivocando de Santana...” no, negativo. Carlos Santana es el parásito más peligroso infiltrado entre los músicos. Todos sabemos que domina la guitarra, pero ¿hasta donde llega su talento?
Cuando la gente dice que si los de Operación Triunfo, por ejemplo, no tienen nada de talento porque cantan con mayor o menor mediocridad temas que todos conocemos y si tienen suerte les pasan 12 cancioncitas para hacer íntimamente suyas, entendemos que el arte de la música, reside, o cuanto menos, crece, en la dura tarea de componer. Algo que actualmente y sobre todo en la música más popular, está completamente ensombrecido por la cara bonita o en su defecto embellecida de no-se-quién.
También, pero en casos contados, se reconoce el mérito de intérpretes, en su mayoría cantantes por hacer algo realmente excepcional, como por ejemplo puede ser Whitney Houston (sin entrar en si es la mejor voz de la historia, es un ejemplo) que no ha compuesto una canción en su vida, pero, ¿a quién no se le ponen los pelos de punta con canciones como “I have nothing”? Por otro lado tenemos a Herman Li (Guitarrista de Dragonforce), que después de más de 15 años sin hacer otra cosa en la vida que tocar la guitarra, nos deja la boca abierta y la lengua colgando.
La conclusión es que Santana, no tiene nada de extraordinario, toca la guitarra como miles de personas y sin embargo le pasan las mejores melodías y tiene colaboraciones de muchos artistas. Yo me pregunto ¿Por qué? Pues la respuesta, aunque no sea justificante, es porque abrió para Hendrix en Woodstock y tocó un solo que impresionó al zurdo y porque estuvo persiguiendo a Fleetwood Mac no se cuanto tiempo.
De hecho, cayó en el olvido durante mucho tiempo sacando infinidad de discos que nadie ha escuchado ni quiere escuchar hasta que decidió sacar su disco Supernatural, que incluía una canción con Maná, que era uno de los grupos del momento. Así le llovieron de nuevo los dólares y la fama. De paso, comentar que la mejor canción de ese disco, “Put your lights on”, ha pasado inmerecidamente desapercibida porque es sublime.
El caso es que mientras la gente siga pensando que “oh Santana” y que es un músico que merece respeto, seguirá aprovechándose de todos los cantantes y compositores que pueda. Pensadlo cuando veáis el Abraxas entre los mejores discos de la historia o, más probablemente, lo escuchéis por la radio.

martes, 12 de agosto de 2008

Lo profundo en profundidad

Lo primero de todo, desmentir los rumores de que me he perdido en el bosque en un intento de escapar de mi prisión ermitaña. Los días cada vez se hacían más largos, pero yo tenía presente mi regreso en todo momento para suavizar mi angustia.

Si algo he aprendido en este viaje, es que el que escribió Heidi no tenía ni puta idea de lo que es estar atrapado en una montaña. Ni abuelito, ni mofletes colorados ni qué gustirrinín me da ahí abajo mientras corro por la pradera. Habría que ver donde se ha documentado el trastornado ese, pero me apuesto las pilas usadas del mando a distancia de la tele a que ese no ha salido de la ciudad y esas historias se las ha contado su abuela relatando sus buenos tiempos juveniles en la cena de Navidad. Normal que le parezca superexótico y maravilloso. Yo le abriría un expediente por crear falsas impresiones a la sociedad.

Para avisar a potenciales víctimas del aislamiento, tendría que hacer un manual de cómo pasar los ratos libres allí arriba. Había momentos tan desesperados que me ponía a barrer. Por cierto, es genial estar en la cocina y tirar las sobras por la ventana, abono para las plantas. La mejor sensación que he tenido en dos semanas ha sido comerme una pera. Tan dulce y carnosa que me alegró el día por completo (estoy hablando literalmente de una pera, de las que no da el olmo). Afortunadamente, por decir algo, la casa no ha llegado aún a su culminación, sobre todo el jardín tiene muchos arreglos pendientes. Esos eran mis mejores momentos: llevar piedras de un sitio a otro para hacer un caminito, alisar el terreno con pico y pala, ese sentimiento de me estoy dejando los riñones y no me pagan... era algo mas bien como - “Hijo, ¿Prefieres seguir estudiando o cavar un poco?” Mi interior sugería inmediatamente -¡¡¡Maaaanos a la obra!!! y efectivamente, ahí estaba yo de rodillas removiendo y buscando entre la tierra restos de la obra para que puedan crecer las plantitas de los cojones. Menuda delicadeza. Luego los de ciudad somos finos... de todas formas esos excesos físicos compensaban los excesos gastronómicos porque me he traído 2kg incorporados en estos días. Con los esfuerzos, algún gramo será de fibra. Se come muy bien pero además que lo de quedarse insaciado debe ser algo terrible para el asturiano medio. Todo tan abundante que incluso los sobres de azúcar contienen 10g en lugar de nuestros habituales 8.

Pero no os creáis que allí no saben divertirse. Justo se celebraba el descenso del Sella y lo de las barquitas esta muy curioso ahí todos expectantes a ver que tal se echan al agua. Ni que fuesen gatos. En fin, que el folclore daba rienda suelta a esa noche. Miles de personas acampadas por todas partes, a los lados de las carreteras, en los jardines de los vecindarios... cualquier superficie valía y todos ellos dispuestos a pasarlo bien y claro, mi escuadrón no iba a ser menos. Total, que nos encontramos en medio de la juerga máxima y aproximadamente a los 10 minutos nos damos cuenta de que no pintamos absolutamente nada. Menuda decepción, tanto tiempo esperando las fiestas para que el resumen de la noche sea “como han cambiado las cosas”, “esto no era así antes”...

Lo cierto es que estaba aquello un poco mal organizado, la gente en vez de ir al pueblo se quedaba por el camino en la oscuridad (no es como aquí, que tenemos farolas) y con un predominio de jóvenes de unos 25 años, sólo vi una pareja que parecían más desfasados que nosotros, señor y señora jubilados en su paseo de antes de ir a dormir. Mi escuadrón se sorprendía de que no hubiese nada de “entretenimiento”, como una típica banda tocando. Les informé de que actualmente, el entretenimiento viene embotellado pero ante su negativa a aceptar mi respuesta, les pregunté qué esperaban exactamente de la generación cuyo himno es “hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual”. Ante una segunda negativa, les dejé descubrirlo por ellos mismos. Yo no soy fanático de ese tipo de diversiones, ni mucho menos, pero me sentía totalmente asqueado de estar de paseo con papi como cuando tenia diez años mientras todos estaban en su salsa.

Finalmente, el regreso fue como una escalera al cielo. Me quedaba yo en el hogar, al que a partir de ahora respetaré mucho más que cuando me consideraba nómada y me libraba temporalmente de Dad Vader, que se tomaba unas vacaciones. Pues mira, no, chico, no. Decide quedarse y mantener mi clausura pero encima con el calor que hace aquí y en un espacio reducidísimo. Además como ha renunciado a sus vacaciones, esta modo encabronado – on. Aprovecho para hacer especial mención a los dos mariquitas que esperaban mi regreso y lamento que nos dejen sin plan. La verdad es que después de toda una vida haciendo lo que me ha dado la gana, no se a qué viene esto... reconozco que la situación es ligeramente crítica pero aquí están sacando las cosas de quicio.

Para colmo llevo tres días sin poder dormir (encima la noche de hoy, sin agua) y empiezo a tener la cabeza en otro sitio. Fue divertido una noche allí en vela que de pronto veo una inmensa luz atravesando la ventana y barnizando todas las sombras y figuras deslumbrándome a las 4 de la mañana. Lo primero que pensé fue “¡¡¡Un OVNI!!!” (en serio lo pensé) pero mi decepción llegó cuando de un salto me asomé a ver que había ahí fuera y era un coche nada más. En mi ranking de sucesos probables, tenía mejor puesto la invasión alienígena que algún desorientado por esos parajes.

Eso es todo por ahora, seguiré luchando como el pez que nada contracorriente y muere electrocutado.